MESA, ARIZONA (Por Valeria Fernández y Paul Brinkley-Rogers, La Voz) February 17, 2004 -- Es común oír hablar de quejas de
discriminación hacia una persona debido a su origen, su acento, raza o incluso
religión. Pero no es usual pensar que un empleado anglosajón, con una carrera
perfecta pueda ser discriminado en su propio país.
A veces cuando la gente defiende sus convicciones, las organizaciones donde
trabaja la ven como un problema que hay que silenciar.
El sargento Jim Schweisthal, de origen anglo, no tenía nada que lo detuviera
para llegar a la cima de su carrera, hasta 1998, cuando se empezó a dar cuenta
que algo estaba mal en el Departamento de Policía de Mesa.
Por denunciar injusticias y discriminación contra oficiales hispanos y afro-americanos,
Schweisthal perdió la oportunidad de convertirse en teniente 9 veces, dijo a
La Voz en entrevista.
"Porque me opuse a la discriminación, su forma silenciosa de atacarme fue no
darme ascensos… Fue como golpearme contra un muro", agregó. "Hasta el día de
hoy siguen sin tomarme en cuenta para promociones".
El sargento, junto con otros siete oficiales y ex oficiales, forma parte de
una demanda pendiente desde el 2002 que acusa al Departamento de Policía de
tomar medidas represivas contra quienes se quejaron de discriminación.
En su caso la Oficina de Igualdad de Empleos (EEOC, por sus siglas en inglés)
encontró "causas probables" de violación de los derechos civiles, "al negarle
la promoción al teniente porque se había quejado en el pasado de
discriminación". Incluso indicó en una carta que este tipo de prácticas hacen
que otros empleados no se atrevan a quejarse por temor a lo que pueda pasarles.
Es decir, que muchos podrían callar por no querer perder su empleo, su puesto,
o una promoción.
En los últimos 5 años se han registrado 10 demandas civiles contra el
Departamento de Policía de Mesa y la ciudad, por discriminación basándose en
raza, sexo, edad, religión y discapacidad.
Por lo menos cinco de los demandantes son de origen hispano, entre ellos
Edward Alameda y Juan Padilla.
Es materia de debate decir que la situación de Mesa es mejor o peor que la de
otras instituciones policíacas. No es inusual que se presenten quejas por
discriminación, o que se realicen demandas en otras organizaciones por parte
de sus empleados.
La interrogante es de qué forma se solucionan estos conflictos, sin recurrir
al silencio, o a la venganza por ambas partes.
El jefe de Policía de Mesa, Dennis Donna, y la oficina de abogados de la
ciudad, se rehusaron a hablar de este o cualquier otro litigio pendiente
contra el Departamento.
La peor discriminación: la invisible
"La discriminación encubierta es invisible, pero existe aunque nadie más pueda
verla. Existe para la gente que tiene que vivir en esa situación", dijo
Schweisthal.
La discriminación que describió el sargento no es la de gritar epítetos, ni
hacer dibujos obscenos de alguien por su raza, su apariencia o su religión,
sino se refirió a una más sutil y encubierta que pasa por el poder de elegir a
unos por encima de otros, y de excluir a otros no por sus virtudes sino por lo
que representan.
Jim se ve joven, fornido, pero de apariencia gentil, hace difícil creer que
lleva 20 años como policía, 16 de ellos en Mesa.
Graduado de la Universidad Estatal de Arizona, de 43 años, asegura que podría
haberse convertido en teniente hace mucho tiempo atrás, de no haberse opuesto
al Departamento.
El sargento, como miembro del Comité de Diversidad, no pensó que tuviera nada
de malo hacerle saber a sus superiores que no habían sido justos con algunos
oficiales hispanos.
"Estaban discriminando, pero jamás van a querer admitirlo para no arruinar la
imagen del Departamento", dijo. "Prefieren arreglar las cosas a través de
litigios que tener que dar el brazo a torcer".
La promoción de un oficial debe ser basada en su antigüedad, desempeño y
educación, y estaban eligiendo a personas que tenían menos de tres años de
trabajar allí, indicó.
Schweisthal, quien exige compensación monetaria en la demanda por daños y
perjuicios, aseguró que esta es su forma de hacer oír su voz, ante una
situación que va más allá de sus aspiraciones personales.
"Nadie me va a prohibir mi libertad de expresión", dijo. "No quiero que nadie
tenga que pasar por lo mismo que pasaron mis oficiales", agregó.
Un código de silencio
Otros antes que Schweisthal optaron por retirarse de la policía.
Earl Lloyd, un afro-americano de 54 años, renunció acongojado después de haber
servido cerca de 21 años en Mesa.
Desde su perspectiva, la atmósfera dentro del Departamento y el sistema fue la
que permitía que se dejara de lado a las minorías.
"Al no tomar medidas disciplinarias contra los que discriminan, pueden seguir
saliéndose con la suya", dijo Lloyd.
Como integrante de una demanda, acusa al Departamento de haberlo transferido a
otro puesto por quejarse de discriminación contra otro oficial. Su caso es
otro donde las causas son probables, según la EEOC.
El sargento y ex portavoz para la oficina de comunicaciones quiso defender al
oficial Pat Foster, un afro-americano, al que le habían negado su pedido de
transferencia a la unidad de narcóticos.
"Tomaron a otros con menos experiencia por encima de Pat… Por eso fui a hablar
con mi supervisor y le dije que lo que hicieron estaba mal. En un mes me
dieron la orden de que tenía que irme de donde estaba, de nuevo a patrullar",
dijo.
Pero Lloyd prefirió renunciar, pues ya cercano a su retiro, pedirle que
volviera a patrullar las calles después de 8 años de no hacer ese trabajo era
como una ofensa.
La Voz intentó infructuosamente contactar a Pat Foster, integrante de esta y
otra demanda que irá a corte a mediados de febrero.
Keith Knowlton, abogado que lleva la demanda de Foster, Lloyd y Schewisthal,
habló de un "código de silencio" dentro de la policía, en el que un oficial
jamás puede delatar a otro, y a partir del cual alguien dispuesto a denunciar
una injusticia es un estorbo.
"Las prácticas y procedimientos dentro del Departamento excluyen a la gente
por su raza, y la ciudad jamás tomó acciones para disciplinar a quienes
permiten que esto siga ocurriendo", agregó. "Las políticas salvaguardan la
discriminación".
El caso de un chicano
Un caso complejo y uno de los más recientes contra el liderazgo de esa ciudad
y departamento policíaco es el de Edward Alameda.
En una demanda presentada en noviembre de 2004, Alameda acusa a Mesa de
bajarlo de rango de sargento por su "raza, su defensa de la diversidad, y las
preferencias raciales de quienes tomaron la decisión".
La EEOC no encontró suficientes evidencias en su caso.
Aunque no quiso hacer declaraciones, la situación de Alameda puede ser narrada
a través de documentación obtenida por La Voz.
En la demanda asegura que otros recibieron mejor trato por peores ofensas, de
acuerdo a expertos, una de las formas de discriminación más difíciles de
comprobar.
La ironía de su situación, según muestran reportes de la policía, es que fue
acusado de hacer comentarios racistas contra oficiales "anglos", cuando a su
vez formó parte del Comité de Diversidad Cultural en la policía, y según su
expediente siempre mostró un interés por promover la inclusión de minorías a
puestos más altos dentro del Departamento.
Schweisthal, quien fue como un mentor para Alameda, y quien lo convenció de
que se convirtiera en policía, dijo que creía que lo que le pasó a Ed fue
injusto. "Es curioso que la primera persona que amonestan por crear un medio
ambiente de trabajo hostil es un hispano.
Si toman represarías contra él, quieren decir que no han cambiado", comentó.
Vientos de cambios
Aunque algunos miembros de la comunidad señalaron a Mesa como problemática,
muchos acotaron que aunque pudieran existir "racistas", no son la mayoría, y
estos forman parte de cualquier institución.
Para quienes reconocen que Mesa experimentó un período en que se favorecía más
a los oficiales amigos y conocidos, las cosas empezaron a cambiar bajo la
administración del nuevo jefe.
"Ahora tenemos un jefe que hace responsable a la gente por sus acciones… Para
Donna la ética es muy importante", dijo Bryan Soller, presidente de la Orden
Fraternal de Policías (FOP, por sus siglas en inglés), el equivalente a lo que
sería una unión de policías.
Donna tiene expectativas muy elevadas de trabajo y responsabilidad para los
oficiales, agregó.
En ocasiones la FOP recibe pedidos de ayuda por parte de oficiales que
enfrentan problemas en el medio ambiente laboral. Pero no son muy frecuentes,
explicó el presidente de la organización.
Soller y miembros de FOP evaluaron el caso de Alameda, y concluyeron que no se
trataba de discriminación.
"No nos parece que la policía haya hecho algo equivocado en su proceder. Ed
tomó algunas malas decisiones", dijo Soller.
Sin embargo, reconoció que las quejas de que Alameda hizo comentarios raciales
contra otros oficiales jamás pudieron ser comprobadas, y fueron problemas con
su liderazgo los motivos determinantes para bajarlo de rango.
Por otra parte, Soller aseguró que se habían dado una serie de cambios
positivos en el Departamento, modificando las políticas de transferencia para
basarlas en el mérito y no en un sistema "amiguista", donde los que son
conocidos reciben los beneficios.
La ley y el orden empiezan por casa
La ciudad de Mesa cuenta con cerca de 400 mil habitantes, y según el censo de
2000, un 20 por ciento de estos son hispanos.
De acuerdo a cifras de noviembre de 2004, la policía de Mesa tiene 123
policías hispanos, representando un 15 por ciento de su fuerza laboral.
La formación de una fuerza policíaca diversa, que refleje el porcentaje de las
minorías en la fuerza laboral, resuena siempre en la voz de alcaldes y
candidatos.
La presencia de miembros de una cultura dentro de la policía favorece la
relación con las comunidades, explicó Phill Austin, abogado de Mesa.
"Existe desconfianza hacia el gobierno, y sirve tener gente con quién
identificarse a través de la cultura, que hace a un departamento más accesible
a la gente", dijo Austin. "En el polo opuesto cuando hay menor diversidad hay
menor comprensión, y eso hace que el gobierno sea menos efectivo".
"Cuando hay conflictos entre la comunidad diversa de una fuerza laboral, eso
afecta la forma en que se interactúa con esa comunidad", agregó.
Schweisthal reconoció que en el pasado las tensiones entre los oficiales
afectaban a la comunidad.
"En una época querían hacer redadas para arrestar a indocumentados. Cuando
existe poca tolerancia hacia ciertos grupos dentro del Departamento, es muy
probable que eso también pase en la comunidad", dijo.
Quedan las interrogantes de saber de qué forma acusaciones como estas, de ser
sustentadas, afectan la confianza de las minorías, en un Departamento de
policía responsable por protegerlas. La pregunta de cómo una institución que
silencia a los suyos actúa para proteger los derechos de otros afuera de sus
muros, que por ser distintos sufren de la violencia y la falta de tolerancia.
Quién es "la policía de la policía"
La policía como organización pública siempre estará sujeta al escrutinio de la
población. Pero no siempre abierta a la investigación externa, y muchos se
preguntan: ¿quién vigila a la policía?
El sargento Schweisthal fue uno de los primeros en desencadenar la formación
de un "Board of Inquiry", un comité que durante el 2000 y 2001 investigó
acusaciones de oficiales por discriminación en base a sexo, religión o raza.
Los resultados de esta investigación que fue encabezada por el jefe de policía,
en ese entonces Jan Strauss, concluyeron que la forma en la que se transfería
a los oficiales no era justa, pero no hallaron pruebas concretas de
discriminación, generando inconformidad entre muchos oficiales que se sumaron
a una demanda.
Algunos críticos consideran que el comité no pudo actuar de forma imparcial,
por estar dentro de la policía.
Por otra parte, su impacto positivo resultó en la creación de nuevas políticas
para la transferencia de oficiales de policía de un puesto a otro, basadas en
los resultados de su puntaje en evaluaciones.
¿Qué ocurre cuando la EEOC encuentra "causas" de discriminación?
La EEOC recibe miles de quejas por año que puede investigar o no.
Cuando esta oficina realiza una investigación y encuentra "causas" para
substanciar una denuncia de discriminación, eso significa que puede interferir
para procesar cargos o buscar conciliación.
Los casos de discriminación con instituciones públicas son manejados a través
del Departamento de Justicia.
De acuerdo a Susan L. Grace, directora interina del distrito de EEOC en
Phoenix, en casos privados, si la conciliación falla, pueden decidir hacer una
demanda.
Por el contrario, cuando la EEOC no considera que mayor investigación del caso
pueda resultar en hallazgos de discriminación, se le envía una carta a la
persona con derecho a presentar una demanda, pero se vuelve más difícil para
un individuo obtener representación de un abogado.